Simplemente estaba ahí.
Tenía la impresión de que aquellas palabras lanzadas por un anciano semejante auna aparición desconocida, de piel pegada a los huesos,mirada luminosa y párpados rendidos por el tiempo, lo hubieran llamado, hubieran invocado a mi padre desde algún rincón de la memoria:
“Eres igual a tu papá.”
Entonces las palabras tomaron forma, tomaron fuerza.
Le arrebataron cada kilo a la presencia de mi padre, volviéndolo ligero como un recuerdo que respira.
Y allí quedaron… hondas, quietas como un latido antiguo; algo que ni el viento se atrevería a mover.
Porque era la presencia de mi padre respirando otra vez a través de alguien que aún lo reconoce en mí.
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